Julio del Alamo
Director de cine
Allá por el siglo pasado, un buen día me aventure a ir al dentista, digo me aventure, porque nunca es plato de buen gusto abrir la boca y dejarte hurgar. Nada mas sentarme en el sillón infernal, primero el de la sala de espera y luego en el de la clínica, a uno le asaltan dudas, miedos y se pregunta: ¿Qué hago aquí? Total tampoco me duele tanto.
Sin embargo, con los años, he aprendido que no se trata de dolor, sino de algo tan sencillo y placentero como sonreír, mas preciso, reír y carcajear.